miércoles, 24 de abril de 2013

Yo he descubierto, que en este mundo hay: dos tipos de hombres hermana- me dijo (sabiamente) Cherry

Los que tratan de seducirte y/o los que quieren someterte.
Pensándolo bien...(vos sabes Marcelo a lo que se refería mi hermana ¿no?) esto tiene que ver con aquella frase de Cicerón tan repetida por Peron... o sea los que optan por la razón y/o los que optan por la fuerza.
-Y vos lo besarías en la boca, ¿aun sabiendo lo que hizo?- es un juego, pienso hacerlo rabiar...¿acaso el no ha comenzado esto,que yo no tenia pensado: diciéndome que iba a ser una campaña divertida y que la viéramos juntos, en vez de ver las telenovelitas chilenas, esas de Pobre rico o de Aquí Mando yo: para lo que tuve que aprender el idioma "chileno"?
-Si...¿por que no?..el es bonito... acaso no viste como le tiraban besos las chicas al pasar...y vos-digo con picardia-¿te atreverías a besar al otro candidato?- estoy jugando...para mi es un juego: no me responde nada.
Mas tarde, cuando le digo que no me mande, me abofetea... (tengo un jarro con agua hirviendo en la mano, el lo sabe, ¿que intenta? ¿que se lo tire?, pienso en Ghandi en "La Fuerza es el derecho de las bestias", me quedo tiesa ...me dolió  bastante... quizá lo he llevado al limite de lo que puede soportar... ¿acaso a mi hermano no lo hice rabiar hasta que hizo lo mismo allá lejos y hace tiempo?, ¿para que comenzó este juego?¿Capriles ha intentado enamorarme o conocerme para que le ofenda tanto mi respuesta tonta?, ahora pienso en su hermano Gustavo... en la que me contó su prima la Marta... de que Ibarra (padre) lo abofeteo delante de todos porque no le obedecía... en su operación de hace unos días de desprendimiento de retina.
Recuerdo la frase de Peron sobre Evita:
-No hay nada que haga mi mujer que yo no sepa.


Control, de eso se trata todo...
Que bonito es el estado de Vargas en Venezuela...- me decia tiempo atras... googleo existe una batalla de Bolivar en Colombia llamada del Pantano deVargas... y otra emprendida por Taboada Ibarra en Pozo de Vargas...
Es la Banderaaaaaaaaa... de la Patria mia,
del sol nacidaaaaaaaaaaaa...¡que me ha dado Dios!



Nelly ha muerto de cáncer, como Chavez, como Evita, como la hermana mas hermosa de mi papa la tia Chabela (Isabel) que murio cuando yo aun, dormia en mi cuna y sus tres hijas fueron a vivir un tiempo a mi casa y me regalaron un conejito cantandome:
-Va mi conejo volandoooo flop flop flop...
con sus orejas flotandoooo... 
flop flop flop!!!
-La lucha de los Pueblos-dice un Periodista de Globovision-no es jugar a la lotería...
Apuesto por ti Capriles...:
-No: seguramente que no es jugar a la loteria...pienso.
-¿Cuantas veces arrié mi bandera argentina?
Cantábamos todas las frescas mañanitas: Alta en el cielo...
Un águila guerrera (Henrique tiene ojos de águila... eso y sus manos como dos palomas es lo que me llamaron la atención)
audaz se eleva con vuelo triunfal....
azul un ala
 del color del cielo... azul un ala del color del mar...
Así en el alta aurora irradial
punta de flecha el áureo rostro imita...

la punta de flecha (¿misil?) y mi sobrinita (a la que le regale un conejito) en Catamarca...
Besos y Bofetadas de eso se trata la lucha de los pueblos...

domingo, 21 de abril de 2013

Con los guesos e` los gorilas haremos una escaleeeeeeera!- comence a cantar junto a ellos...

-Veni dalaaaale... rapidoooo gorda- me decía Cherry mientras caminábamos, casi corriendo por los pasillos del tren (cinco pesos poca plata cinco pesos poca plata!cinco pesos poca plata- cantábamos a los gritos imitando el sonido del tren)

que de Capital Federal a Bariloche nos llevaba al campamento en el Lago Nonthue (Ciudad Sumergida)- daaaaaleee no seas tan pesada: que están cantando, y nos lo vamos a perder...-Ya vaaaaaaaaaa!!!!-respondia a los gritos yo-no puedo mas rápido  no ves que se me han hinchado los tobillos de dormir sentada en este tren?

-¿Quienes? ¿quienes son?
-Son ellos: tonta. Los Montoneros... que ya se van a bajar...
Era un grupo de chicos de nuestra edad o quizá unos años mas, casi no recuerdo sus rostros... con una guitarra y unas canciones graciosas que nos enseñaron y que aun recuerdo con lagrimas en los ojos cada vez que mentalmente las canto...-cuando habíamos subido al tren yo había notado la inscripción en uno de los últimos vagones de atrás que decía MONTONEROS

Mi padre fumaba Chesterfields

-Con los guesos e' los gorilaaaaaassss
Haremos una escaleeera...
Con los guesos e'los gorilaaaaaaassss
Haremos una escaleeeraaaaaa
Para que baje del cielo:
Nuestra querida EVITA
nuestra EVITA COMPAÑERA.....(Ahora la veo es nuestra Evita compañera...la que vio en La Grita Fray Francisco ¿casualidad que se llamara asi como el nuevo Papa? bajando de esa escalera junto al Cristo resucitado) Como en la anterior entrada puse el Cristo de la Grita le dedico a Maduro la Virgen de Bolivar (el de origen Picapiedras,
como yo o sea egipcio-bereber-atlante-guanche)
)
Y ellos seguían con su canto así:
¿Que culpa tiene el tomateeee
de estar pegado a la raaaaama?
Si viene un hijo de España
y lo mete enuna lataaaa
y la manda pa' Caracaaaaaaaaaaaaas (¿casualidad que sea justo para alli o sea para Caracas? no parece que Evita esta bajando alla desde el cielo en La Grita? ¡casualidad que les tiemble el suelo, justo hoy?)
Si viene un hijo de España 
y lo mete en una lataaaa
y la manda pa' Caracaaaaaaaaaaaas
¡Yo apuesto por ti Venezuela! (cien dolares a mi marido que apuesta por Maduro... y que me sirven a mi para visitar a mi hermanita Diana)

LOS ÚNICOS PRIVILEGIADOS: SON LOS NIÑOS
                                                                                             EVITA

Lula le pide a Peña Nieto que no les falle a los pobres de México

DERECHOS HUMANOS: Se busca este niño.

 Los guesos e'los gorilas...

Disculpen buscando al Cristo de la Grita y su escalera para que baje Evita del cielo me encontré con esto, ja, ja, ja:
 No puedo dejar de recordar aquí el blog de la Catedral de las borracheras...para vos Martin Caparros (por exclamar que país de mierda) y para la niña esa que le subió la contravención en el BMW a Capriles para desacreditarlo porque se burlo del pajarito de Maduro:
La catedral de las borracheras...Whisky para todos-ofrecía Chavez cuando les compraba los títulos argentinos o lo que fuera a Nestor K
¡Vaya Vaya...m'hijaaaa!.Ecuador y el Papa Francisco que belleza de mujer Liberando a los libertadores...corra m'hija! corra!                                                      

viernes, 19 de abril de 2013

-Que país de m... Anita! ¡Que país de Mier...!- me decía mi papa poco antes de morir...

A veces me/nos habia pedido disculpas por habernos hecho nacer en el c... del mundo...
Yo estaba por viajar de nuevo a Córdoba, junto a mi marido...
Y el, con su whisky en la mano se quejaba amargamente de lo que la corta democracia entre el gobierno de Lanusse y el Proceso le había negado: ser nombrado Juez Federal en la  Capital federal o en su ciudad natal San Miguel de Tucuman.
-Están desapareciendo muchas personas... nadie sabe donde están  solo que desaparecieron y hay muchos detenidos a disposición del poder Ejecutivo nacional...
Si me hubieran nombrado Juez, yo hubiera hecho lugar a los Amparos...
Han matado a Rodolfo Walsh...-me dijo- habia escrito una Carta quejándose...
(de repente alli estaba de nuevo la Rubia... flotando entre los dos...)
Junto a Rodolfo Walsh... la afaraonada Evita.
¿Como no decirle país de mierda a un país que permitió semejante horror?
¡Gorilas!...
Como me divertía con Pistun (Diario La Unión  y sus caricaturas con la patita de mono y los comunicados cada vez que había un golpe y el hacia sentir su protesta pacifica así...

Esa mujer   
   El coronel elogia mi puntualidad:
    ­Es puntual como los alemanes ­dice.
    ­O como los ingleses.
    El coronel tiene apellido alemán.
    Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
    ­He leído sus cosas ­propone­. Lo felicito.
    Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
    Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
    El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
    Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
    Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
    El coronel sabe dónde está.
    Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
    El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
    ­Esos papeles ­dice.
    Lo miro.
    ­Esa mujer, coronel.
    Sonríe.
    ­Todo se encadena ­filosofa.
    A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
    ­La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.
    ­¿Mucho daño? ­pregunto. Me importa un carajo.
    ­Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años ­dice.
    El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
    Entra su mujer, con dos pocillos de café.
    Contale vos, Negra.
    Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
    ­La pobre quedó muy afectada ­explica el coronel­. Pero a usted no le importa esto.
    ­¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
    El coronel se ríe.
    ­La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
    Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
    -Cuénteme cualquier chiste -dice.
    Pienso. No se me ocurre.
    ­Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
    -¿Y esto?
    ­La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.

    El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
    -Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
    ­¿Qué más? ­dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
    -Le pegó un tiro una madrugada.
    ­La confundió con un ladrón ­sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
    ­Pero el capitán N. . .
    ­Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
    ­¿Y usted, coronel?
    ­Lo mío es distinto ­dice­. Me la tienen jurada.
    Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
    ­Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
    ­Me gustaría.
    ­Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
    ­Ojalá dependa de mí, coronel.
    ­Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
    Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
    -Mire.
    A la pastora le falta un bracito.
    ­Derby -dice. Doscientos años.
    La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.
    ­¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
    ­Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
    El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
    -Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.
    ­¿Qué querían hacer?
    ­Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
    ­Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.
    -Y orinarle encima.
    ­Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
    No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
    ­Esa mujer ­le oigo murmurar­. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
    El coronel bebe. Es duro.
    ­Desnuda ­dice­. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente­, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...
    Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
    ­Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
    Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
    ­...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos­, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
    ­No.
    ­Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
    Vuelve a servirse un whisky.
    ­Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
    Bruscamente se ríe.
    ­Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
    Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.
    -Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
    ­¿Pobre gente?
    ­Sí, pobre gente.­El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior­. Yo también soy argentino.
    ­Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
    ­Ah, bueno ­dice.
    ­¿La vieron así?
    ­Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...
    La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
    ­Para mí no es nada -dice el coronel­. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.
    Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
    ­A mí no me podía sorprender. Pero ellos...
    ­¿Se impresionaron?
    ­Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.
    Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".
    ­Beba ­dice el coronel.
    Bebo.
    ­¿Me escucha?
    -Lo escucho.
    Le cortamos un dedo.
    ­¿Era necesario?
    El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
    ­Tantito así. Para identificarla.
    -¿No sabían quién era?
    Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".
    ­Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
    ­Comprendo.
    -La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
    ­¿Y?
    ­Era ella. Esa mujer era ella.
    ­¿Muy cambiada?
    ­No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
    ­¿El profesor R.?
    -Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
    En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
    ­¿Enciendo?
    ­No.
    ­Teléfono.
    ­Deciles que no estoy.
    Desaparece.
    ­Es para putearme ­explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
    -Ganas de joder ­digo alegremente.
    ­Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
    ­¿Qué le dicen?
    ­Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
    Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
    ­Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
    El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
    ­La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
    Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
    -Llueve -dice su voz extraña.
    Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión. (y ahora , esto no lo escribio Rodolfo Walsh sino yo: yo recuerdo la disposición de la Gran Pirámide y a Amenmehat III mi ancestro y a sus Piramides en el Lago de Al Fayum...
y a Sirio C la Estrella de la Mujeres
 y me veo niña escuchando a mi papa relatarme sus amores secretos: y recuerdo  el cartón en el roto del zapato del Juez... y a la Cherry mi hermanita diciendo: Puff que olor a mani...y a mi papa quejándose de lo poquito que ganaban los Jueces que no podía darse el lujo de comprarle eso tan simple una bolsita de praline a mi hermanita un domingo, tal vez uno de aquellos domingo en que el juez había dejado de serlo...  y a mi no me digan si no conozco algún Juez que no sea rico... si yo quería ser millonaria como la Evita, para llevarla a mi mamita querida a pasear por Paris...)
(Pobre mi papa...pienso ¡Pobre su afaronada Evita!, pobre mi mama y la bandera argentina en su ataud)
(Parece que el Libertador (descubro) Simon Bolivar tenia sangre Guanche (los picapiedras) también o sea bereber ...esos de las raices tiran...(como decia mi mama)o sea Hawara o sea de los coptos, del antiguo Egipto...
    ­Llueve día por medio ­dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
    Dónde, pienso, dónde.
    ­¡Está parada! -grita el coronel­. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
    Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
    ­No me haga caso -dice, se sienta­. Estoy borracho.
    Y largamente llueve en su memoria.
    Me paro, le toco el hombro.
    ­¿Eh? -dice­ ¿Eh? -dice.
    Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
    -¿La sacaron del país?
    -Sí.
    ­¿La sacó usted?
    ­Sí.
    -¿Cuántas personas saben?
    ­DOS.
    ­¿El Viejo sabe?
    Se ríe.
    -Cree que sabe.
    ­¿Dónde?
    No contesta.
    ­Hay que escribirlo, publicarlo.
    ­Sí. Algún día.
    Parece cansado, remoto.
    ­¡Ahora! ­me exaspero­. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!
    La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
    -Cuando llegue el momento... usted será el primero...
    ­No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
    Se ríe.
    ­¿Dónde, coronel, dónde?
    Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
    Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
    ­Es mía -dice simplemente­. Esa mujer es mía.
"Esa mujer" fue publicado en "Los oficios terrestres", Ediciones De la Flor, 1986. © Herederos de Rodolfo Walsh 
Y pienso en el "burguesito" y se la envio para que lo ayude...
 Fray Francisco ¿el angel de la Paz? ¿pinto a una Mujer al lado de Cristo de la grita? 



-A ver... doña Carmen, mire por favor aquí: y dígame que ve- dijo el curandero.

Y es que la mama de mi suegra (doña Carmen Vilta Ferreyra) cruzo la calle Corro, donde la joven viuda vivía, de visita a una vecina justo al frente de su casa... y cuando regreso, no podía levantarse de la cama: estaba paralitica...
No sentía ya las piernas y estaba desesperada porque no podía caminar.
Ignacio Loza, que habitaba con su hermana Adita, en aquella casa y que se criaron como si fueran hermanos con mi suegra y su hermana Elba, le había traído aquel hombre haber si podía curarla, ya que el galeno que la había visitado no le encontraba nada y no se explicaba bien lo que le pasaba y solo le había indicado reposo.

Me contaba la hermana de mi suegra, que siendo ella una niña,el hombre bajo de una caleza, que lo llevo hasta allí y que viéndola en ese triste estado a su mama, les había pedido que, de inmediato, le trajeran una botella con agua, la que puso a contraluz de la ventana y entonces pronuncio aquellas palabras...
-A ver: ¿que ve doña Carmen?...
Horrorosamente ella escucho como su mama decía que en aquella botella en la que ella solo veía agua... su mama veía un esqueleto acuclillado.
-Bueno, esto es un mal que le han hecho, para que usted no pueda caminar y muera seca en su cama. Yo la voy a curar... pero este es un hombre,  que le ha tirado algo que usted seguramente a pisado en su vereda... como usted no ha querido salir con el: se lo ha mandado a hacer.
Años mas tarde recordando este incidente: le pregunte como se llamaba este vecino que la deseaba a mi suegra.
-Se llamaba Horacio.

algunos dicen que estas maldiciones se pueden curar pero que algunas se traspasan a las generaciones sucesivas de familiares (hasta en algún libro chino sobre chigong encontré este relato sobre estas entidades de otras dimensiones: son espíritus feroces, decía el autor).
Yo la llame graciosamente: la Maldición de la Pata...hasta que vi que lo que parecía un chiste era en realidad algo que vivía muy cercano a mi... el chino decía en su libro best sellers : que el mal se lo curan a la persona afectada, pero para hacerlo, se lo deben transferir aunque sea levemente a las generaciones futuras...
Quien sabe!.tal vez sea nomas imaginación mía. O no.
Mi marido me regalo unos platos azules donde se veía una caleza dibujada en azul (que yo relacione con mi bisabuela huyendo con sus tres hijos de España después de que le informaran que su marido había sido emboscado)y después yo descubrí en ellos un cráneo de calavera que se dibujaba en el revés o sea en el dibujo que se hacia si uno se fijaba en lo blanco, y me asuste y se los lleve a una curandera también...
Bien mas adelante subo la foto de aquellos platos...

¡De la que te salvaste Cherry, hermanita mía!.

sábado, 13 de abril de 2013

Despues que murio mi abuelita Isabel... tome por sorpresa a mi papa...y le pedi que me recitara estos versos:


como lo hubiera hecho la abuelita, con ese acento dulce y andaluz que ya comenzaba yo a extrañar...
-No me hagas esto Anita!- me dijo- pero creo que fue un consolarnos mutuamente por la perdida... 
Sin embargo como yo insistiera el asintió, ahora tienen otro sabor...
Es como que regresaran ambos a consolarme.
Y la Rosa otro significado.

LA ROSA DEL JARDINERO (Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín)

  Era un jardín sonriente;
era una tranquila fuente
        de cristal;
era a su borde asomada,
una rosa inmaculada
        de un rosal.

Era un viejo jardinero
que cuidaba con esmero
        del vergel,
y era la rosa un tesoro
de más quilates que el oro
        para él.

  A la orilla de la fuente
un caballero pasó,
y la rosa dulcemente
de su tallo separó.
Y al notar el jardinero
que faltaba en el rosal,
cantaba así, plañidero,
receloso de su mal:

  —Rosa la más delicada
que por mi amor cultivada
        nunca fue;
rosa, la más encendida,
la más fragante y pulida
        que cuidé;
blanca estrella que del cielo
curiosa del ver el suelo
        resbaló;
a la que una mariposa
de mancharla temerosa
        no llegó.

  ¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
por tu bien o por tu mal?
¿Quién te llevó de la rama
que no estás en tu rosal?

  ¿Tú no sabes que es grosero
el mundo? ¿Que es traicionero
        el amor?
¿Que no se aprecia en la vida
la pura miel escondida
        en la flor?
¿Bajo qué cielo caíste?
¿A quién tu tesoro diste
        virginal?
¿En qué manos te deshojas?
¿Qué aliento quema tus hojas
        infernal?
¿Quién te cuida con esmero
como el viejo jardinero
        te cuidó?
¿Quién por ti sólo suspira?
¿Quién te quiere? ¿Quién te mira
        como yo?


  ¿Quién te miente que te ama
con fe y con ternura igual?
¿Quién te llevó de la rama,
que no estás en tu rosal?

  ¿Por qué te fuiste tan pura
de otra vida a la ventura
        o al dolor?
¿Qué faltaba a tu recreo?
¿Qué a tu inocente deseo
        soñador?
En la fuente limpia y clara
¿espejo que te copiara
        no te di?
¿Los pájaros escondidos,
no cantaban en sus nidos
        para ti?
¿Cuando era el aire de fuego,
no refresqué con mi riego
        tu calor?
¿No te dio mi trato amigo
en las heladas abrigo
        protector?
¿Quién para sí te reclama?
¿te hará bien o te hará mal?
¿Quién te llevó de la rama
que no estás en tu rosal?


Así un día y otro día,
entre espinas y entre flores,
el jardinero plañía
imaginando dolores,
desde aquel en que a la fuente
un caballero llegó
y la rosa dulcemente
de su tallo separó.

Y luego le pedí que me recitara este, era un viejo libro de escuela suyo...(En este veo a mi abuelita y a mi papa huérfano a los diez años...hacia tanto tiempo que lo buscaba en internet y ¡finalmente lo encontre!)



La Guaja (de Vicente Neira) 
Ven acá granuja
¿Dónde andas so guaja?
hoy te mondo los huesos a palos.
No llores ni huyas por que no te escapas
yo no sé lo que hacer ya contigo
me tienes mú jarta.
¡A tí ya no te valen palabras,
a tí ya no te valen razones
ni riñas ni encierros ni golpes ni nada!

Te dije al marcharme:
levántate pronto y estira esos huesos
y dobla las mantas y enciende la lumbre
y arrima el puchero y enjuaga las ollas
y barre la casa

Y vengo y me encuentro, ¡grandísimo pillo!
la lumbre sin brasas,
la puchera sin caldo ni prigue,
la vivienda peor que una cuadra,
la burra sin pienso
las pilas sin agua

¿Segaste la hierba?
¿Trajiste la paja?
¿Regaste los tiestos?
¿Cerniste la harina?
¿Clavaste la estaca?
¿Comió la cordera?
¿Bebió la lechona?
¿Cogiste los huevos?
¿Mudaste la cabra?
hum!

¿Y a tí qué te importa?
¿para que quieres cansarte?
si aquí está la burra que todo te lo jaga

Te piensas granuja
que al estar tu madre jechita una negra
quemándose el alma
mientras tu me malgastas el tiempo
que dá más que lástima

Jecho un ropa suelta...
hecho un rajamantas...
por esas callejas detrás de los perros
por esos regatos tirando a las ranas
o cogiendo nidos en las zarzamoras

¡Qué así estás de lindo grandísimo guaja!
¿Y ese siete tan guapo en la blusa?
¿Y esos pantalones tan llenos de manchas?
¡hum!
¡que gorra más limpia!
¡que medias tan majas!
¡que pelos tan lindos!
que cuello, que puños, que codos, ¡que mangas!

Yo no sé lo que hacer ya contigo
me tienes muy harta

De sobra conoces que somos solitos...
que ya no tenemos quien nos lo ganaba...
que la vida de toditos los pobres es vida de lágrimas...
¡pero ni por esas!
a tí que te dejen roncando en la cama
y te pongan la mesa tres veces
y rueden los días y viva la holganza

¡Súbete esos calzones so pillo!
¡átate esos zapatos so randa!
límpiate esos mocos, lávate esa cara
y vete ahora mismo donde no te vea
que me tienes, me tienes muy harta

Te aseguro chiquitín
te aseguro que esto te se acaba
Endende mañana ¡a la cola del burro!
Conmigo a la plaza, conmigo al molino,
conmigo a la jaza
a sudar fatigas, a mojarte el alma,
ya verás las penitas que cuesta...
ya verás con que ahogo se gana este pan
que tan comodamente, ¡a lo bobo!
¡a lo bobo te zampas!
y ahora ¡A la cama!, ¡A la cama!

La aurora se acerca espléndida, diáfana,
lentamente despliegan las nubes su manto de escarcha,
la madre afanosa se tira del lecho
y sus toscos aperos prepara
que ya espera más ruda que nunca la brega diaria.
Cariñosa y tierna se acerca
hasta el lecho donde el niño
cándido, tranquilo descansa,
un instante contempla amorosa
su faz sonrosada
y después...


Con cariño ferviente
dando un beso en sus labios exclama:
¿Yo turbar este sueño tan dulce?
¡no fuera quien soy ni tuviera entrañas!...
¡juega, brinca y destroza hijo mío!...
¡tu madre lo gana!